Noviembre 4, 2008: Fecha Autenticada del Secuestro. Por Luis F. Brizuela Cruz
Noviembre 4, 2008: Fecha Autenticada del Secuestro
Por Luis F. Brizuela Cruz
Definición de Secuestro: La acción de tomar posesión legal de los bienes hasta que la deuda u otra reclamación relacionada con los mismos quede satisfecha. El acto de tomar por la fuerza posesión de algo; confiscación, allanamiento, toma o captura.
Esta es la historia de dos secuestros.
El llamado “secuestro” de ciertos gastos y presupuestos por parte del gobierno de los Estados Unidos ha quedado oficializado, aunque su efecto no se haya aun materializado, en medio de la usual –a estas alturas enfermiza- propaganda por parte de los dos partidos políticos que rigen nuestra nación. Los ambivalentes conservadores de tiempos recientes no pueden permitirse a sí mismos demostrar abiertamente su satisfacción con las medidas de austeridad que se han tomado, las cuales hasta hace solo unas semanas parecían tener el apoyo de la Casa Blanca de forma totalmente bipartidista. El Presidente Obama, en un despliegue atroz de hipocresía, revirtió su postura con relación a los cortes en el presupuesto clamando que tal acción, producto de la insensibilidad de los republicanos, era dañina e inmoral, ya que afectaría una enorme cantidad de empleos y servicios. Es preciso aclarar que el “Ilusionista en Jefe” inicialmente había propuesto y aceptado estas reducciones presupuestales, sin embargo a medida que se fue acercando la hora cero, en forma característica –y consiente del apoyo populista de sus ideas socialistas- el Presidente dio un paso atrás, alegando la crueldad de las medidas y proponiendo más impuestos para, de nuevo, “nivelar” el terreno de juego.
La realidad innegable es que estamos en presencia de un caso extremadamente peligroso de derroche presupuestario en los Estados Unidos de América y una urgente necesidad no solo de señalarlo de forma políticamente retórica, sino de tomar inmediatas y efectivas medidas para corregir el problema; ahora que el sufrimiento y el rigor de cualquier sacrificio son aun tolerables. Es también imperativo que tales medidas ocurran mientras aun exista cierto nivel de conciencia y preocupación por la preservación de la nación por parte de la ciudadanía. Una mirada hacia muchos de los países europeos nos debe dar una idea de lo que puede resultar de una sociedad apática y el daño irreversible al que tal mentalidad puede conllevar.
En noviembre 4 del 2008, una mayoría de nuestros ciudadanos otorgó su voto a favor de un joven, inexperto Senador procedente del altamente corrupto espectro político de Chicago para convertirlo en nuestro Presidente # 44. Cuatro años después, ignorando totalmente sus vínculos con elementos anti americanistas, su incapacidad en restaurar el honor y el respeto entre aliados y adversarios y su abusivo derroche de la riqueza del país –que resultara en el gasto más alto en la historia presidencial estadounidense- un poco más de la mitad de la población reafirmó su alianza con la mantra izquierdista de Obama sobre justicia social y redistribución de la riqueza. Por virtud de un consenso democráticamente populista la República había quedado perpetuamente comprometida y secuestrada de forma moral y material.
A pesar de las mutuas acusaciones y señalamientos que tan vívidamente ejemplifican la política de nuestros tiempos, al igual que las pasiones de rivalidad que esto provoca en la población, es poco probable que veamos, en un futuro cercano, una protesta masiva o revuelta por parte de las masas. En una nación próspera como la nuestra tales estallidos no son tan comunes siempre que los grupos afectados sean aquellos de responsabilidad fiscal y los creadores de bienes dentro de la sociedad. El descontento y los periodos de estrechez económica, aunque sean verbalizados, son normalmente mitigados y compensados con el aumento en los esfuerzos en el cumplimiento de sus obligaciones por parte de estos grupos. Solo cuando los dependientes, los inactivos, los improductivos y exigentes comiencen a sentirse mal servidos e ignorados, es que veremos el caos absoluto en nuestro mundo. Será en ese preciso momento cuando las consecuencias totales del secuestro de nuestra voluntad como nación -el cual fue autenticado en ese infame 4 de noviembre del 2008 y ratificado en noviembre 6 del 2012- alcancen los elementos indulgentes, envidiosos, egoístas y desinformados que un abrupto despertar habrá de ocurrir.
Doscientos años de formidable capitalismo –que ha producido la mayor acumulación y distribución de riqueza en la historia- pueda que permita a varias generaciones sobrevivir este nuevo socialista y tiránico secuestro de lo que una vez fuera el espíritu indomable de una nación. Cuando la virtud de renovar y el último de los tenaces dejen de existir, será el principio de nuestra hecatombe y pasaremos a los libros de historia al lado de otras grandes sociedades que sucumbieron ante similares detrimentos morales y materiales.
7 de marzo, 2013
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