La Fiesta después de la Fiesta ha comenzado. Por Luis F. Brizuela Cruz
Muchos estadounidenses comenzaron el año sorprendidos por los resultados interinos de las negociaciones entre los dos partidos políticos en el Congreso y el Senado. Muchos más, naturalmente, ignoran por completo -o no les interesan- los detalles e implicaciones del “arreglo” acordado por nuestros oficiales públicos. Irónicamente, me atrevería a apostar que la cifra del segundo grupo probablemente merodea la vecindad de un número que resultara fatídico para un político de visión fiscal conservadora, quien tuvo la osadía de correr contra la voluntad y capricho de una sociedad desbocada.
Nada sorprendente acerca del acuerdo que produjo –entre otras atrocidades- una dislocada desproporción de 15 mil millones de reducción en los gastos contra cada 600 mil millones de incremento en los impuestos. No fue solo el claro objetivo de la actual administración, sino que también la manifestación del frenesí de una sociedad dependiente con un deseo de festejar la derrota de los creadores de la misma riqueza que permite su indulgencia celebrativa. La pregunta es: ¿Por cuánto tiempo podremos seguir los festejos?
Como he comentado en artículos anteriores, ni siquiera las fechorías del socialismo y su abominable mutación comunista pueden fácilmente destruir la riqueza acumulada durante dos centurias de formidable capitalismo. Existe, sin embargo, un número finito –aunque a veces indeterminado- en cada crisis financiera y a pesar de que nuestro abismo fiscal pueda seguir siendo sensacionalistamente “proverbial”, habrá eventualmente un “punto sin regreso” en el futuro de la economía estadounidense. El significado mayor de los eventos trascurridos en Washington es que contienen acentuadas implicaciones de inmoralidad y ausencia de ética. Es precisamente dentro de ese contexto que ya hemos cruzado, irreversiblemente, el “punto de no retorno”.
Cuando la atención y el propósito de las masas se tornan en la condenación y el vilipendio de los exitosos y de los creadores de bienes, la sociedad ha renunciado a la mayoría de sus valores y principios. La envidia y el odio han suplantado la honorabilidad y el sentido común.
El declive material entonces resulta automático y una prevista consecuencia.
Mientras observaba las imágenes del regreso a sus vacaciones en Hawái por parte del Ilusionista en Jefe y su enorme comitiva –la mayor en la historia de la presidencia estadounidense- no pude evitar pensar que sus excentricidades y excesos no son solo una revelación de sus desdeñosas y arrogantes convicciones, sino que también reflejan el sentimiento actual de gran parte de la nación.
La Fiesta después de las fiestas ha comenzado. La pregunta sigue siendo: ¿Por cuánto tiempo podrán los Estados Unidos seguir fiesteando?
5 Comments
Te felicito,realmente tienes una vision tan exacta que muy pocos podrian plantearlas como tu lo haces,creo que este escrito me lo robo para mi muro con tu permiso,fantastico,estupendo.....
Felicidades en este nuevo año. Quiero hacer extensivo estas felicitaciones a todos los lectores de este blog, y muy en especial a mi antecesor y amigo, Raúl.