Capitulación y Rendición. Por Luis F. Brizuela Cruz
Capitulación y Rendición
Por Luis F. Brizuela Cruz
Mientras observo al General estadounidense retirado, Colin Powell, experimentar una de las transformaciones políticas y filosóficas más dramáticas de la historia, no puedo evitar pensar en otros casos, menos notorios, de capitulación y rendición con los que me he venido encontrando durante mis recientes recorridos por nuestra indulgente y decadente sociedad.
Poniendo a un lado el hiperbólicamente sensitivo tema de la raza, el General Powell, hijo de padres jamaiquinos que emigraron a los Estados Unidos en la primera mitad del Siglo XX, es probablemente uno de los ejemplos más sobresalientes del incalculable nivel de éxito al que cualquier primera generación de estadounidenses puede aspirar y obtener, en el más prolífico campo de posibilidades que la humanidad ha evidenciado desde el comienzo de la civilización.
Esta formidable convergencia de aspiración y posibilidad ha sufrido, en las últimas décadas, las consecuencias directas de una metamorfosis destructiva en nuestra sociedad. Mentalidades menos alineadas con el rigor y mucho más propensas a la queja y la exigencia -promovidas por líderes surgidos de esas mismas premisas- se han venido proliferando hasta un punto donde los valores y principios tradicionales sobre los cuales fue construida nuestra nación hoy nos parecen anticuados, impopulares e inefectivos. Por consiguiente la nueva norma encuentra ahora infinidad de tradicionalistas convirtiéndose en pensadores liberales con puntos de vista mucho más diversos y saturados de condescendencia.
El caso del General Powell, dada la magnitud de su persona, sobresale como uno de los más alarmantes en términos de lo que llamaríamos “capitulación y rendición” ante las nuevas normas de la sociedad. En lo personal he venido presenciando casos similares de involución desde hace algún tiempo y lo que encuentro más significativo es la cantidad de contradicciones que acompañan esta postura social moderna.
El señor Powell ha indicado que votó por el entonces Senador Barack Obama para que este fuera elegido el presidente número cuarenta y cuatro de los Estados Unidos en base al plan económico expuesto por Obama durante su campaña del 2008. Resultó que el programa del Presidente no ha producido ningún mejoramiento notable y sus escasos momentos favorables han ocurrido a un enorme costo para el país. Usando una analogía común, conozco individuos que manejan carros costosos y viven en mansiones lujosas, sin embargo la magnitud de sus obligaciones financieras podría causarle un síncope cardiaco a un gurú de la fisioterapia. Powell emitió su voto nuevamente por Obama en el 2012, en esta ocasión entusiasmado ante la benevolencia y justicia proclamadas en el mensaje del Presidente con vistas a una igualdad social. El General ha criticado repetidamente el discurso social y político del que ha sido su propio partido, el Republicano (al menos hasta este momento), considerándolo desconectado y olvidadizo de las necesidades de ciertos sectores desventajados de nuestra sociedad. El que fuera un modelo de autosuficiencia, dedicación y austeridad durante toda su vida y carrera militar y política, ahora parece acogerse a la filosofía que contradice las virtudes que hicieron del General un vívido ejemplo americano y modelo a seguir.
Entre mis amistades y familiares he descubierto ese mismo patrón contradictorio. Me sorprende que muchos de esos individuos que se conducen de forma moderada, conservadora, rigurosa y autosuficiente, sean los mismos que se lanzaron detrás de la prédica de un demagogo socialista que interpreta la vida y la sociedad a través de una visión paternalista por parte del gobierno y de dependencia por parte de aquellos imposibilitados o renuentes a ayudarse a sí mismos. Más sorprendente aún resulta ver como la gran mayoría de estos individuos votaron una segunda vez por el mismo charlatán que representa el antónimo de sus valores personales, menospreciando la alternativa que hubiera resultado mucho más compatible con sus principios y creencias.
Me vienen a la mente algunas palabras y pensamientos que me motivan a continuar mis análisis y reflexiones acerca de las intrincadas paradojas de nuestros tiempos: ignorancia, inconformidad, remordimiento, hipocresía, capitulación de nuestros principios, rendición ante un poder mayor de persuasión y las lujuriosas proposiciones de la vida moderna.
Nueva Jersey, 31 de enero del 2013
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